En 1898 Oscar Wilde se despacha contra la naturaleza y a favor de la mentira. The Decay of Lying es, sobre todo, una argumentación sobre cómo la vida imita al arte. Actualmente estamos en una era anti-mimética (¿o de mímesis invertida?): nadie dudaría que las imágenes diseñan formas de vida. Incluso varias vidas parecen anclarse en un pantone específico; una emocionalidad catalogada por cierto filtro del iphone. La vida se transformó en un enorme chroma-key sobre el cual sobreimprimir nuestra ficción cotidiana (aunque ya nada se imprima). Y la ciudad, para aquellos que somos cosmopolitas, en su compleja escenografía.

--- No es un problema que no exista distancia entre ficción y realidad. Cuando mi hija me pregunta si existen los unicornios, le contesto que sí porque puede imaginarlos, describirlos o dibujarlos; como también le digo que es cierto que cada vez hay más personas durmiendo en la calle porque puede verlos. La ficción solía ser un terreno de las artes, hoy en día pareciera ser un terreno dominado por la política. El problema no es haber perdido el área de especificidad de nuestra disciplina, sino desentenderse de la potencia que puede provocar la fusión entre ficción y realidad; una fusión que permitiría, más que nunca, pensar cómo desde el arte se puede hacer algo para cambiar el curso de la narrativa general. Para los que hacen arte con fotografía la situación es aún más desafiante. Van a batallar en el centro de un ring plagado de redes sociales y aplicaciones, de medios masivos, sus satelites y sus drones, de juegos de verosimilitud y de manipulación de los documentos ¿En qué se ancla un fotógrafo si ya no hay una masa consistente de realidad, sino una masa hacinada de ficciones? ¿Intentar apelar a un estado emocional compartido por algunos? ¿Narrar una microhistoria que hable de la condición humana? ¿Componer o desmenuzar pantones como si fuesen la naturaleza muerta del siglo XXI? ---

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Javier Villa
31 de agosto de 2017.

Texto curatorial completo >>> La ciudad es un enorme Chroma Key